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Jack London

Ficha de autor

Jack London

Literatura estadounidense·1876-1916·1 obra disponible

Biografía breve

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Jack London: una vida de aventuras convertida en literatura

Nombre completo: John Griffith London, nacido John Griffith Chaney.

Nacimiento: 12 de enero de 1876, San Francisco, Estados Unidos.

Fallecimiento: 22 de noviembre de 1916, Glen Ellen, California.

Nacionalidad: Estadounidense.

Ocupación: Escritor, periodista y corresponsal.

Un escritor que conocía aquello de lo que hablaba

Hay escritores que pasan buena parte de su vida frente a una mesa y construyen sus mundos a partir de libros, imaginación y observación. Jack London no fue exactamente uno de ellos. Antes de convertirse en uno de los autores estadounidenses más famosos de comienzos del siglo XX había trabajado en fábricas, navegado por el Pacífico, participado en la caza de focas, recorrido Estados Unidos como vagabundo, buscado oro en el norte de Canadá y conocido de primera mano la pobreza y el trabajo físico. Después llegarían el periodismo de guerra, los viajes y una vida que siguió siendo bastante agitada incluso cuando ya podía ganarse muy bien la vida escribiendo.

Esa biografía explica buena parte de su literatura. Cuando London describe a hombres agotados por el frío, un barco en mitad de una tormenta o individuos obligados a competir para sobrevivir, rara vez está utilizando únicamente la imaginación. Había pasado por situaciones parecidas y conocía bastante bien tanto la dureza física como la sensación de vivir dependiendo de las propias fuerzas. Quizá por eso sus mejores novelas tienen una energía que sigue resultando inmediata más de un siglo después.

Una infancia sin demasiadas comodidades

Jack London nació en San Francisco en 1876 con el nombre de John Griffith Chaney. Su madre, Flora Wellman, acabaría casándose con John London, de quien el futuro escritor tomó el apellido. La familia pasó por dificultades económicas y se trasladó varias veces por la zona de la bahía de San Francisco. Jack creció lejos del ambiente acomodado que podría imaginarse alrededor de un escritor de éxito y tuvo que empezar a trabajar muy joven.

Fue también un lector voraz. Mientras alternaba empleos mal pagados con una vida bastante libre en los muelles de Oakland, acudía a las bibliotecas y leía todo cuanto caía en sus manos. Esa combinación resulta importante para comprenderlo: London no fue simplemente un aventurero que un día decidió escribir sus experiencias. Fue un hombre con una enorme curiosidad intelectual que se formó en gran medida por sí mismo.

Pirata de ostras, marinero y vagabundo

Durante su adolescencia compró una pequeña embarcación y se dedicó durante un tiempo al robo de ostras en la bahía de San Francisco, una actividad ilegal que podía resultar bastante más rentable que trabajar largas jornadas en una fábrica. Poco después pasó al otro lado y colaboró con la patrulla pesquera que perseguía precisamente algunas de aquellas actividades. A los diecisiete años se embarcó en la goleta Sophia Sutherland para participar en una expedición de caza de focas que lo llevó hasta las aguas próximas a Japón y el mar de Bering.

Aquella experiencia marítima dejó una huella profunda. London descubrió la dureza del trabajo a bordo, la jerarquía entre los marineros, la violencia, las tormentas y una forma de vida donde un error podía tener consecuencias muy serias. Años después buena parte de ese mundo regresaría a su literatura, de manera especialmente visible en El lobo de mar.

Su inquietud no terminó ahí. En 1894 recorrió buena parte de Estados Unidos viajando en trenes de mercancías y viviendo como un vagabundo. Fue detenido por vagancia y conoció de cerca una realidad social muy distinta de la imagen de prosperidad que acompañaba al crecimiento industrial norteamericano. Estas experiencias contribuyeron a desarrollar unas convicciones socialistas que mantendría durante buena parte de su vida.

El Klondike y el nacimiento del escritor

En 1897 la fiebre del oro del Klondike llevó a miles de personas hacia el territorio canadiense del Yukón. Jack London fue una de ellas. No regresó rico. De hecho, como tantos otros buscadores, descubrió que encontrar oro era bastante más difícil de lo que prometían las historias que circulaban por Estados Unidos. Pero volvió con algo que terminaría siendo mucho más rentable: historias.

El frío extremo, los perros de trineo, los buscadores de fortuna, el aislamiento y la lucha por sobrevivir proporcionarían el escenario de algunas de sus obras más conocidas. London comenzó a publicar relatos y, después de varios años difíciles, encontró por fin un público. La llamada de lo salvaje, publicada en 1903, lo convirtió en una figura literaria internacional. Tenía veintisiete años.

El éxito de El lobo de mar

Un año después apareció El lobo de mar, una novela muy distinta aunque igualmente marcada por las experiencias de su autor. London regresaba al océano y al ambiente de los barcos que había conocido durante su juventud, pero esta vez utilizaba la aventura para plantear un enfrentamiento filosófico entre Humphrey Van Weyden y Wolf Larsen.

El éxito confirmó que London no dependía de una única historia ni del escenario del Klondike. Era capaz de combinar literatura popular, aventura y debates bastante serios sobre la moral, el poder, la supervivencia y el sentido de la existencia. En pocos años se convirtió en uno de los escritores mejor conocidos y mejor pagados de Estados Unidos.

Un escritor socialista que se hizo rico

La vida de Jack London está llena de contradicciones y esta es una de las más interesantes. Había conocido la pobreza y defendió públicamente el socialismo, escribió sobre las condiciones de los trabajadores y criticó duramente determinados aspectos del capitalismo. Al mismo tiempo, se convirtió en un autor de enorme éxito comercial, administró cuidadosamente su carrera y ganó grandes cantidades de dinero con sus libros y artículos.

No parece que la contradicción le preocupara demasiado. London creía en la lucha de clases y en la necesidad de transformar la sociedad, pero también estaba profundamente atraído por la independencia individual, la competencia y los personajes capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Esa tensión aparece una y otra vez en sus libros y hace que resulte difícil encerrarlo en una sola etiqueta ideológica.

Viajes, periodismo y una producción extraordinaria

London no redujo su actividad a la ficción. Viajó a Londres y convivió con los pobres del East End para escribir El pueblo del abismo, trabajó como corresponsal durante la guerra ruso-japonesa y continuó viajando durante buena parte de su vida. Junto a su segunda esposa, Charmian Kittredge, emprendió una larga travesía por el Pacífico a bordo del Snark, un barco construido según sus propios planes.

Mientras tanto escribía a un ritmo extraordinario. Novelas, relatos, artículos, ensayos, memorias y textos periodísticos salían constantemente de su mesa de trabajo. Entre sus libros más conocidos se encuentran La llamada de lo salvaje, El lobo de mar, Colmillo Blanco, Martin Eden, El talón de hierro y John Barleycorn. Su producción resulta todavía más sorprendente si se tiene en cuenta que toda su carrera literaria profesional se desarrolló prácticamente en menos de dos décadas.

Los últimos años

En sus últimos años London dedicó una parte importante de sus energías a Beauty Ranch, su propiedad de Glen Ellen, en California. Allí intentó desarrollar nuevos métodos agrícolas y proyectó una enorme residencia, Wolf House, que debía convertirse en la casa definitiva de Jack y Charmian. La mansión quedó prácticamente terminada en 1913, pero un incendio la destruyó antes de que pudieran instalarse en ella.

Su salud se fue deteriorando. Había sometido su cuerpo a una vida intensa, padecía diversos problemas médicos y murió en su rancho el 22 de noviembre de 1916. Tenía solo cuarenta años.

Por qué seguimos leyendo a Jack London

Reducir a Jack London a escritor de aventuras sería injusto, aunque fue extraordinariamente bueno escribiéndolas. En sus mejores obras hay animales, barcos, nieve, persecuciones y hombres enfrentados a situaciones extremas, pero debajo aparecen cuestiones que le obsesionaron durante toda su vida: quién sobrevive y por qué, cuánto pesa el entorno sobre una persona, qué ocurre cuando desaparecen las normas de la sociedad, dónde termina la libertad individual y qué valor tiene la moral cuando nadie puede obligarnos a respetarla.

También existe una razón mucho más sencilla para que siga siendo leído: sabía contar historias. Su prosa es directa, tiene ritmo y rara vez parece interesada en demostrar lo culto que era su autor. London podía introducir discusiones filosóficas importantes dentro de una novela sin olvidarse de que alguien tenía que seguir pasando las páginas.

Quizá su propia vida explique esa urgencia. Vivió únicamente cuarenta años, pero le dio tiempo a ser obrero, marinero, buscador de oro, vagabundo, periodista, corresponsal de guerra, agricultor, navegante y uno de los escritores más famosos de su generación. Después convirtió buena parte de todo aquello en literatura.

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DE LOS LIBROS QUE LEO A LOS QUE ESCRIBO

Si compartimos lecturas, quizá también compartamos historias.

Escribo ciencia ficción, thriller, misterio y novela negra. Historias de personajes enfrentados al poder, al miedo y a sus propias decisiones.

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