El cártel, de Don Winslow: cuando la violencia termina agotando al lector
Don Winslow regresa al universo de El poder del perro con una continuación todavía más violenta, ambiciosa y pegada a la realidad de la guerra del narcotráfico mexicano. La novela mantiene muchas de las virtudes de su predecesora, pero también lleva algunos de sus rasgos hasta tal extremo que, al menos en mi caso, la brutalidad acabó pesando más que el deseo de seguir avanzando.
Ficha del libro
- Título: El cártel
- Título original: The Cartel
- Autor: Don Winslow
- Género: novela negra, thriller criminal, narcotráfico
- Publicación original: 2015
- Editorial española: RBA Libros
- Traducción: Efrén del Valle Peñamil
- Extensión: alrededor de 700 páginas, según edición
- Serie: segunda entrega de la trilogía iniciada con El poder del perro y concluida con La frontera
- Premio: IX Premio RBA de Novela Negra 2015
Reseña breve
Después de disfrutar mucho El poder del perro, llegué a El cártel esperando una continuación natural de aquella historia, y eso es exactamente lo que encontré. Don Winslow vuelve a desplegar su enorme conocimiento del narcotráfico, la corrupción política y la guerra entre organizaciones criminales, con Art Keller y Adán Barrera nuevamente en el centro del conflicto. El problema apareció, para mí, sobre todo en la segunda mitad. La violencia se vuelve cada vez más gráfica, las torturas se acumulan y el autor apenas concede descanso al lector. Entiendo lo que pretende y sé que buena parte de esa brutalidad procede de hechos reales, pero llegó un momento en que la lectura empezó a hacerse cuesta arriba. Me gustó, pero también tuve la sensación de estar prolongando una historia que ya había comprendido perfectamente en la primera novela.
Reseña completa
De qué trata
El cártel retoma la historia años después de los acontecimientos de El poder del perro. Art Keller ha quedado marcado por décadas de lucha contra el narcotráfico, mientras Adán Barrera, su gran enemigo, continúa representando ese poder criminal capaz de adaptarse, sobrevivir y volver a crecer incluso después de aparentes derrotas. La novela arranca en 2004 y vuelve a introducirnos en una guerra que ya no parece tener principio ni final: cambian los nombres, cambian las organizaciones y cambian las alianzas, pero el negocio permanece.
Winslow amplía todavía más el escenario y nos conduce desde las zonas controladas por los cárteles mexicanos hasta despachos políticos, fuerzas policiales, organizaciones rivales y distintos niveles del tráfico internacional. Como ocurría en la primera novela, Keller y Barrera funcionan como eje del relato, pero alrededor de ellos vuelve a crecer una estructura coral que pretende mostrarnos la guerra contra las drogas desde múltiples posiciones.
Qué clase de novela es
Si El poder del perro explicaba cómo el narcotráfico podía construir relaciones simbióticas con el poder, El cártel muestra lo que ocurre cuando ese ecosistema entra en una espiral cada vez más salvaje. Winslow vuelve a mezclar novela negra, thriller, política y una especie de periodismo narrativo disfrazado de ficción. Muchos de los asesinatos, torturas, enfrentamientos y operaciones que aparecen en la novela están inspirados en la terrible realidad que México vivió durante aquellos años.
Eso proporciona a la historia una fuerza indudable, pero también plantea uno de sus mayores problemas. Winslow quiere enseñarnos cómo es ese mundo sin rebajarlo para que resulte más cómodo. Su decisión es coherente con lo que está contando, pero la coherencia artística no elimina necesariamente el cansancio del lector.
Lo mejor del libro
Winslow sigue siendo extraordinariamente bueno mostrando estructuras de poder. Sabe explicar quién manda, quién obedece, quién compra, quién vende y quién cree controlar una situación que en realidad lleva mucho tiempo fuera de control. La documentación vuelve a ser formidable y la novela conserva esa capacidad que ya tenía El poder del perro para convertir acontecimientos políticos, económicos y criminales muy complejos en una historia comprensible.
También mantiene su habilidad para construir personajes que se mueven en zonas morales poco cómodas. Keller continúa siendo mucho más interesante cuando deja de parecer simplemente «el bueno» de la historia y empieza a confundirse con su propia obsesión. Barrera, por su parte, vuelve a funcionar como algo más que un villano convencional: representa una estructura criminal que puede perder una batalla, un territorio o incluso a sus líderes sin que desaparezca el mecanismo que la alimenta.
La escala de la novela vuelve a ser impresionante. Hay ciudades, gobiernos, organizaciones criminales, periodistas, policías, políticos y víctimas atrapados dentro de una maquinaria que parece capaz de reemplazar cualquier pieza. Winslow sigue entendiendo muy bien que el protagonista real de esta historia no es Keller ni Barrera. Es el sistema.
Lo discutible o más débil
Aquí está, para mí, la gran diferencia respecto a El poder del perro. En aquella novela la violencia era muy dura, pero todavía sentía que cada nueva pieza ampliaba mi comprensión de aquel mundo. En El cártel, sobre todo a partir de la segunda mitad, empecé a experimentar algo distinto: cansancio. No porque la novela estuviera mal escrita ni porque dejara de interesarme su argumento, sino porque la violencia se vuelve tan insistente y tan gráfica que comienza a saturar. Torturas, asesinatos, mutilaciones, represalias y atrocidades se suceden con una intensidad que apenas deja espacio para respirar. Puede defenderse que precisamente esa acumulación refleja la realidad que Winslow quiere denunciar, y seguramente sea cierto, pero como lector llegó un momento en que la intención dejó de importarme tanto como el desgaste que me estaba produciendo.
También tuve una sensación que puede parecer injusta, pero que fue real: ya había estado aquí. Cambian las circunstancias y la guerra se hace todavía más feroz, pero buena parte de los mecanismos narrativos, políticos y morales ya estaban presentes en El poder del perro. El cártel los amplía, los actualiza y los lleva más lejos, pero no siempre sentí que estuviera descubriendo una mirada completamente nueva. A veces tenía la impresión de estar asistiendo a una versión todavía más grande, más sangrienta y más extrema de la misma historia.
Estilo narrativo
Don Winslow mantiene ese estilo seco, rápido y muy visual que funcionaba tan bien en la primera novela. Las escenas avanzan con rapidez, los diálogos suelen ser directos y los cambios de escenario permiten mantener una sensación constante de movimiento incluso dentro de una obra tan extensa. Sigue siendo un narrador eficaz, con una enorme capacidad para transformar documentación y acontecimientos complejos en escenas que funcionan como ficción.
El problema es que la técnica puede volverse también parte del agotamiento. Winslow apenas permite que la narración baje de intensidad durante ciertos tramos y, cuando la brutalidad se convierte en una constante, pierde parte de su capacidad para sorprender. Lo extraordinario termina convirtiéndose en rutina, y esa normalización de la violencia seguramente forma parte de lo que el autor pretende transmitir. Como recurso literario funciona; como experiencia lectora puede ser agotadora.
Personajes y conflicto
Art Keller sigue siendo el personaje que proporciona continuidad emocional a la serie. Su enfrentamiento con Barrera ha dejado hace tiempo de ser únicamente profesional y se ha convertido en una obsesión que amenaza con devorarlo. Esa evolución resulta coherente con todo lo sucedido anteriormente y permite que el conflicto continúe teniendo una dimensión humana dentro de una novela donde las cifras, los muertos y las organizaciones podrían acabar eclipsándolo todo.
Barrera continúa siendo su gran contrapunto, pero la novela resulta especialmente interesante cuando se aparta momentáneamente de ambos y observa las consecuencias de la guerra desde personajes con mucho menos poder para decidir su destino. Ahí Winslow vuelve a recordarnos que las guerras del narcotráfico pueden estar dirigidas por grandes nombres, pero quienes pagan la factura suelen ser otros.
Para qué lector encaja mejor
Quien haya disfrutado mucho El poder del perro encontrará aquí una continuación coherente, más grande y todavía mejor documentada sobre la evolución de la guerra del narcotráfico durante los primeros años del siglo XXI. También es una novela recomendable para lectores de thriller político, novela negra muy dura y relatos criminales basados en acontecimientos históricos reconocibles.
Ahora bien, haría una advertencia que en este caso me parece fundamental: hay que tener una tolerancia bastante alta a la violencia gráfica. No estamos hablando simplemente de una novela «dura». Winslow entra en detalles y no ahorra torturas ni atrocidades. Para algunos lectores esa crudeza será parte esencial de la experiencia. Para otros puede convertirse, como me ocurrió a mí, en la razón por la que una buena novela termina haciéndose demasiado pesada.
Análisis literario
Continuación o repetición
Esta es probablemente la cuestión más interesante que me dejó El cártel. Como continuación funciona perfectamente. Retoma personajes, desarrolla las consecuencias de la primera novela y muestra cómo ha cambiado el narcotráfico durante los años transcurridos. Además, el escenario histórico es distinto: los cárteles se han fragmentado, la violencia ha aumentado y la guerra contra las drogas ha adquirido nuevas dimensiones.
Sin embargo, una continuación puede ser perfectamente lógica y al mismo tiempo producir una sensación de repetición. Eso fue exactamente lo que me ocurrió. Winslow había explicado con tanta eficacia su visión del narcotráfico en El poder del perro que, durante algunos momentos de esta segunda novela, tenía la impresión de estar recibiendo nuevas pruebas de una conclusión a la que ya había llegado.
Violencia y realidad
La brutalidad de El cártel no parece responder al deseo de convertir el libro en un espectáculo sangriento. Winslow investigó durante años y muchos de los episodios están inspirados en sucesos reales; precisamente por eso la novela resulta tan incómoda. Sin embargo, aquí aparece una cuestión literaria interesante: que algo sea real no significa necesariamente que deba mostrarse siempre con el máximo nivel de detalle.
Entiendo la decisión de Winslow. La violencia de los cárteles también funciona como propaganda, intimidación y herramienta de control. Su carácter público y excesivo forma parte del fenómeno que está describiendo. Pero como lector no puedo separar esa intención de mi experiencia: durante la segunda mitad llegué a un punto de saturación. Y cuando la violencia empieza a expulsarte emocionalmente de una historia en lugar de introducirte más profundamente en ella, existe un problema, aunque ese problema no sea necesariamente el mismo para todos los lectores.
El desgaste como tema y como efecto
Paradójicamente, el cansancio que produce la novela puede tener cierta coherencia con el propio tema. Keller lleva décadas luchando contra una guerra que parece imposible de ganar; los gobiernos anuncian victorias mientras aparecen nuevas organizaciones, los capos caen y son sustituidos, y la violencia cambia de manos sin desaparecer. El lector termina también agotado por esa repetición.
Puede que Winslow busque precisamente eso: que dejemos de percibir la guerra contra las drogas como una sucesión emocionante de operaciones policiales y entendamos su carácter interminable. Pero una cosa es comprender intelectualmente esa intención y otra disfrutar de setecientas páginas sometido a ella.
¿Y después, La frontera?
La trilogía continúa con La frontera, publicada en 2019, donde Don Winslow cierra la historia de Art Keller y lleva las consecuencias de la guerra contra las drogas hasta el propio sistema político estadounidense.
Yo, sin embargo, me quedé aquí. Y creo que eso también dice bastante sobre mi experiencia con El cártel. La novela me gustó, reconozco sus virtudes y entiendo perfectamente por qué recibió tantos elogios, pero cuando llegué al final sentí que ya había tenido suficiente de ese mundo. Después de El poder del perro y El cártel, no necesitaba una tercera dosis. Tal vez algún día cambie de opinión. De momento, La frontera sigue al otro lado.
Valoración final
El cártel es una buena novela y una continuación sólida de El poder del perro. Está extraordinariamente documentada, mantiene la capacidad de Winslow para explicar las relaciones entre narcotráfico y poder y contiene personajes y situaciones de enorme fuerza. No tengo demasiadas dudas sobre su calidad.
Mis reservas tienen más que ver con la experiencia de lectura. En la segunda mitad la acumulación de violencia y torturas terminó resultándome agotadora, y la sensación de estar recorriendo territorios narrativos que ya conocía hizo el resto. Me gustó, pero no tanto como la primera novela, y sobre todo no consiguió dejarme con ganas de continuar. De hecho, probablemente la mejor manera de resumir mi opinión sea esta: terminé El poder del perro queriendo saber más; terminé El cártel pensando que ya sabía suficiente.
Valoración: 7,5/10.
